Gabriela Castro
Culiacán y Hermosillo enfrentan desafíos similares por lluvias intensas, pero sus sistemas de drenaje tienen diferencias clave. Según el Instituto Municipal de Planeación de Culiacán (Implan), el 68 por ciento de la red pluvial data de antes de 1990, con capacidad insuficiente para tormentas superiores a 60 mm/h. En contraste, el Plan Director de Drenaje Urbano de Hermosillo (2021) señala que el 45 por ciento de su infraestructura se modernizó entre 2010 y 2020, incluyendo ampliación de colectores y bombeo en zonas bajas.
La ubicación geográfica influye: Culiacán, en una llanura aluvial, depende de canales naturales como el río Tamazula, mientras Hermosillo, en un valle desértico, combina drenes revestidos con sistemas de retención. Datos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) muestran que Hermosillo recibe 30 por ciento menos lluvia anual, pero sus escurrimientos son más violentos por su suelo arcilloso.
Inundaciones y pérdidas económicas
La movilidad urbana se ve severamente afectada en ambas ciudades durante la temporada de lluvias. Un estudio del Consejo Coordinador Empresarial de Sinaloa (2019) estimó que los embotellamientos por inundaciones en Culiacán generan pérdidas diarias de 12.7 millones de pesos en comercios y transporte. En Hermosillo, la Cámara de Comercio de Sonora (2022) calculó un impacto de 8.3 millones de pesos por día en días con lluvias extremas, concentrados en el sector industrial.
El Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) destacó en 2023 que el 40 por ciento de las interrupciones logísticas en Hermosillo ocurren en el corredor Norponiente, donde el drenaje colapsa recurrentemente. En Culiacán, el Implan identificó que el 25 por ciento de las fallas viales anuales están vinculadas a socavones por saturación hidráulica.
Inversión pública y adaptación climática
Ambas ciudades han incrementado presupuestos para drenaje, pero con enfoques distintos. La Secretaría de Finanzas de Sinaloa reportó una asignación de 380 millones de pesos en 2023 para ampliar la red pluvial en Culiacán, mientras Sonora destinó 290 millones a Hermosillo, según su informe de egresos. La diferencia radica en que el 60 por ciento de los recursos en Hermosillo se aplican a tecnología de absorción, mientras en Culiacán el 70 por ciento se dirige a reparación de tuberías.
El Atlas de Riesgo de ambas ciudades coincide en un punto: sin intervenciones estructurales, los costos por daños a infraestructura y productividad seguirán creciendo entre 5 y 7 por ciento anual, ajustado a la inflación.
El costo oculto de la lluvia
Las diferencias en la infraestructura se reflejan en la movilidad urbana. En Culiacán, cada evento de lluvia superior a los 25 mm paraliza arterias principales como el bulevar Pedro Infante o la avenida Álvaro Obregón. Según reportes del Consejo para el Desarrollo Económico de Sinaloa (Codesin), estos colapsos provocan pérdidas económicas estimadas en decenas de millones de pesos por jornada, derivadas del retraso en entregas de mercancías, ausentismo laboral y afectaciones en el comercio minorista.
Hermosillo, con una red vial más adaptada al escurrimiento pluvial y políticas recientes de pavimentación con criterios de absorción, presenta un menor impacto económico directo. La Cámara Nacional de Comercio de Hermosillo reportó que durante el verano de 2024, los días con lluvias intensas vieron una disminución del 10 por ciento en ventas, en contraste con el 28 por ciento registrado en Culiacán en el mismo periodo.

