El precio de frutas y verduras en México registra incrementos superiores al 20 por ciento anual, un comportamiento que no se observaba desde hace más de una década y que actualmente presiona la inflación en el país.
Durante la primera quincena de marzo de 2026, la inflación anual se ubicó en 4.63 por ciento, cifra que supera lo esperado y se aleja de la meta del tres por ciento , impulsada principalmente por el encarecimiento de alimentos frescos.
En entrevista, el economista y mercadólogo Carlos Azpe Fimbres, director de la agencia de mercadotecnia Simsa, explicó que este comportamiento ya se anticipaba desde febrero, cuando la inflación anual alcanzó alrededor del 4%.
Señaló que este repunte rompe con la tendencia habitual de inicio de año, cuando tras el incremento de enero, los precios suelen mostrar una desaceleración en febrero.
“El comportamiento típico es que en enero suba la inflación y en febrero comience a bajar; sin embargo, en marzo continúa al alza, lo cual no es normal”, explicó.
Alza en productos
Entre los productos con mayores incrementos destaca el jitomate, con alzas superiores al 30 por ciento, seguido del limón con aumentos cercanos al 25 por ciento, así como la papa y el tomate verde, que presentan incrementos de doble dígito.
Detalló que uno de los principales factores detrás de este incremento es el alza en los precios del petróleo a nivel internacional, derivado de tensiones en el Golfo Pérsico y el cierre del estrecho de Ormuz.
Indicó que este contexto ha generado presión sobre los combustibles, especialmente en países como México que, aunque producen petróleo, dependen en gran medida de la importación de gasolina.
“El combustible es un componente clave en la movilidad de los productos, desde las zonas de producción hasta los centros de distribución y consumo; si sube la gasolina, suben los costos en toda la cadena”, señaló.
Explicó que este impacto es particularmente visible en frutas y verduras, debido a que su distribución depende en gran medida del transporte terrestre, lo que eleva su precio final al consumidor.
A este escenario se suma la sequía registrada en el país durante el último año, la cual ha afectado la producción agrícola y reducido la oferta de diversos productos.
“Se juntan variables como la sequía y el incremento en combustibles, lo que genera una presión directa sobre los precios”, indicó.
Sobre la duración de este fenómeno, el especialista advirtió que no se trata de un efecto temporal o de una burbuja especulativa, sino de un impacto con repercusiones estructurales.
Explicó que, debido a los daños en infraestructura petrolera por el conflicto internacional, los precios podrían disminuir, pero no regresarían a los niveles previos, sino a un punto intermedio que seguiría presionando los costos.
Asimismo, señaló que la inflación genera un efecto en cadena en la economía, al impactar variables como las tasas de interés y el costo del financiamiento, lo que a su vez se traslada a los precios finales al consumidor.
“El aumento en precios eleva el costo del dinero, incrementa los costos de producción y termina reflejándose en el consumidor; en ese sentido, la inflación funciona también como un tipo de impuesto”, explicó.
Añadió que este fenómeno podría extenderse a otros productos, especialmente aquellos con alto componente de transporte, como granos, abarrotes y mercancías de la canasta básica.
Finalmente, destacó que, aunque el tipo de cambio se ha mantenido en niveles estables, lo que ha evitado una mayor presión inflacionaria, el comportamiento actual sigue siendo atípico.
Este repunte sostenido en alimentos básicos podría representar un desafío para la economía de los hogares, al tratarse de productos de consumo diario cuyo encarecimiento tiene un impacto inmediato en el gasto familiar.

