“Récord” de desaparecidos llega a Palacio

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No era un premio, era un reclamo. Frente a Palacio Nacional, madres y padres buscadores llevaron lo que llamaron un “Récord Guinness” de desaparecidos en México. No para celebrar, sino para exhibir una realidad que duele: un país donde la ausencia se volvió estadística… y donde ser escuchado sigue siendo la verdadera lucha

En plena transmisión de la conferencia matutina de este 23 de marzo, familiares de personas desaparecidas acudieron a las puertas del recinto presidencial para solicitar una reunión con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Al frente, Gustavo Hernández, padre buscador que se volvió símbolo nacional tras pedir a la secretaria Rosa Icela Rodríguez que le devolvieran “aunque sea un huesito” de su hijo, volvió a poner rostro al dolor.

Con una réplica de un reconocimiento tipo Guinness —inspirado en el entregado recientemente por la mayor clase de fútbol en la Ciudad de México—, el mensaje fue claro: no se trata de un logro, sino de una vergüenza.

“No es un premio, es una vergüenza”

Gustavo Hernández no pidió discursos, pidió algo más simple: ser recibido.

“Si con el récord mundial de nuestro dolor no nos abren la puerta… ¿entonces con qué sí?”, cuestionó frente a Palacio Nacional.

Su hijo, Abraham Zeidy Hernández del Razo, desapareció en mayo de 2024. Desde entonces, su historia se suma a la de miles de familias que viven entre la incertidumbre y la búsqueda.

Rostros detrás de las cifras

A su lado, Patricia de la Cruz, madre de Fernando Hernández —desaparecido desde 2022—, sostuvo el mismo reclamo: no buscan reflectores, buscan respuesta.

“Solo quiero saber si con esto sí nos reciben”, dijo.

Porque detrás de las cifras hay más de 130 mil historias incompletas, mesas vacías y vidas suspendidas.

Una crisis que no cabe en números

De acuerdo con datos de organizaciones civiles, México acumula una de las crisis de desaparición más graves del mundo.

Estados como Baja California, Sinaloa, Quintana Roo, Michoacán y Guanajuato concentran altos índices, pero el problema es nacional: una herida abierta que no distingue regiones.

El intento de entregar este “récord” no busca reconocimiento internacional, sino visibilizar lo que por años ha sido ignorado o minimizado.

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