El ingeniero en sistemas Luis Alberto López Espinosa, originario de Tapachula, Chiapas, forma parte del equipo internacional que impulsa el proyecto Its Live de la NASA; una herramienta que mide con satélites el movimiento de los glaciares en el planeta y sus implicaciones en el cambio climático.
El proyecto Its Live, en el que ha colaborado durante los últimos cuatro años, integra datos de satélites desde la década de 1970 hasta la actualidad para mostrar cómo se mueven los glaciares. El resultado es un mapa global interactivo que permite seleccionar regiones como Groenlandia o la Antártida para observar series históricas sobre el avance o retroceso del hielo.
Por este motivo, el especialista explicó que la importancia del deshielo no radica solo en la pérdida de masa glaciar, sino en sus consecuencias globales.
«El hielo que está sobre tierra firme y cae al mar provoca que suba el nivel del océano y reduce la capacidad de reflejar la radiación solar. Son señales de alerta sobre lo que viene», puntualizó.
Como ejemplo, mencionó uno de los puntos críticos, el llamado «glaciar del fin del mundo» en la Antártida, cuyo colapso podría provocar que capas completas de hielo se desplacen hacia el océano.
«No se trata de milímetros, sino de centímetros o incluso metros de nivel del mar en cuestión de años. Sería un evento catastrófico para ciudades costeras, sobre todo las que están cerca del Ecuador», dijo.
Además, López Espinosa señaló que los científicos no mencionan tener un pronóstico de lo que va a pasar en tres o cuatro años, solo que si pasara sería grave.
En cuanto a los retos técnicos, mencionó que gran parte de la información proviene de satélites antiguos que requieren sistemas de programación obsoletos, por lo que Integrar esos datos con los de nuevas misiones, como Landsat 9, Sentinel 1 o Nisar, exige un trabajo de ingeniería complejo para garantizar la coherencia de los modelos.
Sobre los hallazgos recientes, explicó que los expertos evitan hacer predicciones categóricas debido a la complejidad del clima, pero los modelos muestran que incluso en escenarios optimistas, los impactos serán significativos.
«El debate no es si va a pasar, sino qué tan pronto, y lo más alarmante es que podría ocurrir en tiempos que alcanzaremos a ver en vida», aseguró.
Ante ello, insistió en la importancia de la educación y la divulgación científica como herramientas para enfrentar la crisis climática.
«Nos sobra información, pero nos falta conocimiento, no es necesario ser un experto, pero si tener pensamiento crítico para entender por qué pasan las cosas y cómo están conectadas», indicó.
Desde niño se sintió atraído por la ciencia, gracias a su cercanía con los libros. Recordó que su madre trabajaba en una librería, donde descubrió las obras de Carl Sagan, en la sección de divulgación científica.
«Uno de los libros que más me impactó se llama Cosmos, donde él habla básicamente la historia de la ciencia y la astrología a lo largo de los años, cuando estaba en cuarto de primaria, entonces dije, me gustaría estudiar esto, porque me parece interesante», mencionó.
Esa misma curiosidad en su infancia lo llevó a soñar con ser astrónomo, aunque años después, su ruta profesional tomó un giro distinto, pues, durante su adolescencia se enfrentó a la dificultad de que en México eran pocas las universidades que ofrecían programas de astronomía o astrofísica; lo que implicaba mudarse a la Ciudad de México o al extranjero. Por este motivo, optó por estudiar ingeniería en Sistemas y Ciencias de la Computación, un campo en el que descubrió su interés por la Inteligencia Artificial (IA) y el modelado numérico. Después realizó una maestría en la Universidad de Colorado, Estados Unidos.
Fue así como asistió a encuentros, llamados ‘Café científico’, donde investigadores de diversas áreas explicaban su trabajo en un formato accesible, y más adelante conoció a científicos especializados en el estudio del cambio climático, quienes lo invitaron a colaborar en el Centro Nacional de Datos de Hielo y Nieve, vinculado a la NASA y la misma universidad.
«Un día llegué a preguntar si necesitaban apoyo y de inmediato me dijeron que sí. De pronto, ya tenía oficina en un centro de investigación en Estados Unidos, viniendo de México y siendo estudiante, fue increíble», relató.
Desde entonces, López Espinosa se integró al equipo como ingeniero de datos y comenzó a trabajar en proyectos que cruzan disciplinas, como la climatología y la glaciología.
